Las varices, cuestión de genes

La prevención pasa por evitar las complicaciones, que pueden llegar a ser muy significativas, y controlar los factores agravantes

La insuficiencia venosa crónica representa la enfermedad más heredable conocida hasta el momento. Son las llamadas varices. En concreto, esta carga genética representa el 97%. Este hecho hace que la prevención primaria sea prácticamente nula. La única prevención eficaz se basa en evitar las complicaciones una vez las varices ya han aparecido. De todas formas, con ciertos hábitos de vida se puede retrasar su aparición. La vida sedentaria, la obesidad, el calor y la ropa excesivamente ajustada son factores desencadenantes. Tampoco es conveniente permanecer quieto, sentado o de pie, mucho tiempo. Esto se debe a que “cuando caminas, con el movimiento, la esponja plantar, las venas de la planta del pie, se exprime y envía la sangre hacia los gemelos, que la bombean hacia el corazón”, explica José Román Escudero, director del servicio de angiología y cirugía vascular del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. Si la persona no se mueve, la sangre sólo sube por la aspiración que realiza la parte derecha del corazón, pero no es suficiente, especialmente en personas mayores con insuficiencia cardiaca. La sangre se va acumulando en el tobillo, que va aumentando su tamaño y acaba con hinchazón. A la larga la piel se resiente y empiezan a aparecer pigmentaciones y endurecimiento. En los últimos estadios, si la piel se estira demasiado, pueden producirse úlceras al romperse con el mínimo roce o incluso espontáneamente. Otras complicaciones, aunque menos frecuentes, son la varicoflebitis y la varicorragia. La primera presenta una vena endurecida superficialmente al tacto, con inflamación y muy dolorosa. La varicorragia es una complicación de gravedad ya que produce el sangrado de la vena varicosa.

El embarazo es otra de las causas desencadenantes. La musculatura se va relajando para facilitar el proceso del parto y las venas se vuelven más débiles. Todo esto genera problemas de flujo que, en aquellas mujeres predispuestas genéticamente, dan como resultado las temidas varices. Sin embargo, aproximadamente el 80% desaparecen tras el parto al eliminarse los factores que las causaban. Por un lado, se regula la presencia de líquidos, ya que durante el embarazo la mujer tiene un 13% de volumen de agua, esto permite que las venas recuperen su calibre normal y las válvulas vuelvan a ser competentes y eviten que la sangre vaya hacia abajo. Por otro lado, el útero o matriz deja de comprimir la vena cava, por donde drena la sangre de las piernas hacia el corazón, y se libera esta presión.

Las zonas más afectadas por las varices son las extremidades inferiores, la vena safena interna, la más frecuente, y la externa. Existen diferentes alternativas para tratarlas. Con la cirugía, a través de una ecografía, se localizan los puntos afectados, donde se encuentran las válvulas incompetentes. Si la vena safena está totalmente afectada se puede lllevar a cabo su extirpación quirúrgica, lo que se conoce como safenectomía. Si por el contrario la lesión es menos extensa se puede recurrir a la técnica CHIVA (cura hemodinámica de la insuficiencia venosa ambulatoria). Con una ecografía se buscan los puntos de fuga, las válvulas que no funcionan correctamente, y con anestesia local se hace una ligadura con el objetivo de distribuir el flujo para que la sangre no vaya hacia abajo. Muchas veces no es suficiente y requiere además de flebectomía, pequeñas incisiones para sacar segmentos reducidos de las varices.

El objetivo de la cirugía es intentar evitar la hipertensión venosa en las extremidades y conseguir que la sangre tenga la circulación correcta. El problema es que a veces no se logra eliminar las venas ya dilatadas con las técnicas quirúrgicas. “Es parecido a lo que ocurre cuando inflas un globo, aunque lo desinfles siempre queda algo estirado. Por eso en estos casos el tratamiento se puede complementar con la escleroterapia”, ilustra Escudero. Ésta no es una técnica quirúrgica, aunque puede complementar la cirugía. De forma ecoguiada se inyecta una espuma esclerosante para taponar la zona lesionada. La ventaja respecto a otras técnicas es que permite tratar el punto de fuga cuando no es abordable quirúrgicamente. “Por ejemplo –explica este experto- en las varices del embarazo la causa no suele estar en las piernas sino en la pelvis, y no vas a abrirle el abdomen a un paciente para tratarle de varices”. Esta técnica es útil sobre todo para eliminar las pequeñas varices residuales que quedan tras la cirugía o las varices por recidiva, es decir, las que vuelven a aparecer. “Es algo bastante habitual porque, como no conocemos su origen, no podemos tratarlas de raíz. La cirugía de las reintervenciones es más compleja porque pueden quedar adherencias de la primera intervención y con la escleroterapia se evita volver al quirófano”, aclara Escudero.

Otra opción actual es la oclusión de las venas mediante la utilización de sondas láser o de radiofrecuencia, que eliminan los puntos de fuga.

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